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Entrenar la conciencia corporal mejora la empatía

La conciencia corporal es una de esas cosas que requiere empezar a experimentarla para entender de qué se trata y hasta dónde nos puede llevar. Una vez que empiezas te das cuentas de que sólo con abrir la puerta a la exploración puede cambiar radicalmente tu manera de sentir cualquier cosa que te esté pasando.

Pero aún quiero arriesgar más diciendo que entrenar la conciencia corporal nos hace ser mejores personas porque desarrolla la empatía. Y la empatía (esto sí que lo tenemos todas claro) es la clave de la inteligencia emocional.

Deja que te explique que te va a encantar.

De la misma manera que un niño ignora todo lo que aún tiene por conocer del mundo que le rodea, las personas adultas a menudo vivimos  ajenas a nuestra inmensa capacidad de percibirnos físicamente. 

Pues es que resulta que dentro de toda esa masa cerebral mantequillosa que llevamos de serie dentro del cráneo, tenemos muchísimos recursos neuronales enfocados en la percepción del  cuerpo.

¿Y qué es exactamente la conciencia corporal?

Es la capacidad de percibir los procesos y los estados que suceden en el propio cuerpo.

¿Para qué será que hay que educar la conciencia corporal? Te doy tres razones rápidas para convencerte.

Por lo pronto para saber interpretar ciertos estímulos, poder modificar de vuelta nuestras respuestas y sobrevivir en este mundo injusto e impredecible.

También para tener claro dónde estamos en el espacio y así saber cómo dirigirnos mejor hacia donde queremos ir o hacia lo que queremos hacer.

Y como último motivo para a aprender a entendernos, que no es poco.

Interocepción y propiocepción son dos de las herramientas más importantes que poseemos para desarrollar esta cualidad.

Propiocepción seguro que ya te la sabes ¿pero la otra?

Interocepción es la capacidad para escucharnos de piel adentro.

Pues cuando la interocepción  y la propiocepción aumentan, repercute directamente en la empatía.

Cuestionarse por ejemplo qué posición ocupa el páncreas dentro del abdomen, o pararse a imaginar el deslizamiento pleural cuando respiramos o en qué dirección se orientan nuestras articulaciones en el espacio en que nos estamos moviendo, sin duda va a mejorar nuestro conocimiento de nosotras mismas, pero es que además, va a acercarnos a los demás.

Porque al mirar a quien tenemos delante quizás no vamos a percibir los vaivenes de su pleura, pero sí vamos a entender cuándo se está alterando su respiración, qué hay dentro de su abdomen, cómo se está situando esa persona en el espacio.  Y todo esto nos va a ayudar a interpretar por ejemplo qué le puede estar incomodando o qué le hace sentir placer.

¿Es o no es empatía eso?

Cuanto más capaces somos de percibir nuestro cuerpo, mejor podemos entender cómo está el cuerpo de quien nos acompaña.

Conciencia corporal, empatía e inteligencia emocional van de la mano.

Respiración consciente, movimiento funcional y ejercicio terapéutico, también.

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